Érase una vez la niña blanca, un ser interior receptivo, rebosante de amor, inocencia y ternura, capaz de albergar en sí mismo todos los mundos posibles en el sentido más amplio, sin albergar en su integridad ni un ápice de conflicto.
Dicen que a la niña blanca se la comió una fiera hambrienta.
Que era una niña más sin infancia, maltratada y abandonada, excluida y rechazada.
De cómo supimos lo que hizo la mujer de los cabellos blancos, la que es capaz de enterrar a cada niña muerta y, a la vez, volver a parirlas, la misma que es capaz de afrontar, crear mundo e inspirar a los demás y este cuento se ha acabado.
Pero quería contar la historia de la niña blanca y todas las personas del mundo que no la ayudaron.
Todas las que miraban y no hicieron nada cuando Fiera se la comió. Todas las que no gritaron. Las que no lo intentaron impedir. Las que no la lloraron. Todas las que lo ignoraron u olvidaron, porque por alguna sinrazón creían que no les convenía o que no era asunto suyo.
Aquellos que encontraron su libertad en la posibilidad de ser egoístas y no ser razonables, porque les habían enseñado que si a una niña indefensa se la come una fiera: “It´s not your business”*1.
No vieron que era una trampa a la libertad de ser auténticamente humanos que les sumía en la angustia y la culpa.
Pero la memoria de este hecho que hay mi piel, se consuela con ese abrazo sincero, tierno, desinteresado. Si con ese amor pudiéramos volver a engendrar a la niña blanca…
Lloro sin saber. Sin encontrar la palabra que expresa el sentimiento de nostalgia de algo que aún no conozco. Quizá consista en transformar la inocencia que me queda en confianza. Afrontando el riesgo, afrontando el hecho de que cada día Fiera vuelve a estar hambrienta.
Y dicen que no pasa nada. Porque la niña revive, renace cada día. Tú me murmuras que cuente mi historia. Lo siento. No sé. No puedo. Soy incapaz. Me es absolutamente imposible. En mi memoria hay interpretación y fantasía. No me gusta mentir.
Opciones
Si piensas que el egoísmo no es nada razonable aunque pretenda convencernos.
Si has indagado en la relación entre inocencia y confianza.
Si ves, sobre todo, que la confianza son los brazos abiertos del amor que suelen cerrar la prudencia o el miedo.
Si te cuesta discernir entre el miedo y la prudencia a la hora de saber si debes intervenir en situaciones ocultas o difíciles.
Si sabes que tu felicidad está relacionada con la felicidad de los seres de tu entorno y, además, sabes que la responsabilidad respecto a la serenidad que puedes lograr en las circunstancias que no dependen de ti es solo tuya.
Si el “no es asunto mío” ante la injusticia humana que está ante tus narices te parece una indecencia.
Si piensas que la injusticia del mundo está ante tus narices pero cuando lo piensas te invade la impotencia y la frustración. Sientes que eres tan pequeño en un mundo tan grande que te parece más bien inútil aportar tu grano de arena.
Si esa pseudoespiritualidad que consiste en no querer ver el mal, el dolor, la injusticia, la mentira y la degeneración de este mundo para aprender a mirarse el ombligo de la propia pseudoprosperidad, te parece, al menos, sospechosa.
Si sabes canalizar la ira ante la injusticia de manera constructiva en pos de una acción inspirada por el mayor bien posible para la mayoría. Es decir, ante la dificultad sueles poner en marcha tu inteligencia como un instrumento en pos del bien, dígase aquí verdad y belleza.
Ejercicios
¿Hay alguna persona cercana en la que no confíes? ¿Por qué? ¿No confiarías en ella en ninguna situación o en algunas determinadas?
¿Hay algo que no haces que crees que podría mejorar la vida de alguien en este momento? ¿Mejoraría también la tuya? ¿Hay incompatibilidades?
¿Cuál es la situación más complicada a la que te enfrentas en este momento? ¿Tienes presente lo descrito anteriormente a la hora de afrontarla?
